Capítulo II: Un destello en las Tinieblas



El Último hijo de la humanidad
Capítulo II: Un destello en las Tinieblas
El mundo se había convertido en el propio infierno, el pesar de la vida se podía sentir en la atmosfera, la ausencia total de esperanza, gente sufriendo en las calles. Una tristeza incontenible azotaba a aquellos que se habían resignado a la voluntad de La Corporación.
Pero no todos habían sucumbido a las circunstancias, en este caso un grupo de personas que Vivian en paz gracias a que La Corporación los había olvidado, ignorando completamente su existencia. En un pequeño territorio de lo que alguna vez fue Paraguay había una pequeña comunidad de personas, los que trataban de ignorar su situación y seguir la vida como podían. Una de las últimas personas que no había aceptado la promesa residía allí, un viejo bibliotecario que se limitaba a sobrevivir.
Su historia fue escrita por la decisión de los demás, un recuerdo inundaba su mente, del porque el seguía aquí.
Las continuas guerras le habían costado su razón de existir. Su familia había muerto en las peleas en vano por algo que ahora se conocía como "La Promesa". Esa era la razón por la que el mismo se negó a tomar su boleto a la eternidad.
Su solitaria imagen se encontraba enfrente de un escritorio que se hallaba en el lugar que ahora se había convertido en su casa. Revisaba los libros antes de ponerlos en su lugar. Varios recuerdos brotaban en su mente.
-¡Vamos Gabriel! es tu única oportunidad para lograr lo que estuvimos persiguiendo todos esto años.
- Yo no lo estuve persiguiendo fueron ustedes... ¡ustedes Marcos los que iniciaron este lio para conseguir una simple inyección!
- No te pongas así, todos perdimos algo en estas guerras, ¡haz que su sacrificio valga la pena!
- Que valga la pena?, tu no entiendes lo único que me traía felicidad era ver a mi familia cada día... a mi esposa e hijos, mis hijos ellos... ellos ya habían formado su propia familia, nunca veré crecer a mi nieta -esto lo decía con la más profunda tristeza, su pesar se podía sentir en el tono de su voz- ellos eran mi única razón para seguir vivo, de que ahora me sirven vivir mil años si no los voy a volver a ver... todo fue por su estúpida codicia y tú lo sabes; que es lo que te hizo cambiar de opinión!, al principio tu promovías la paz y ahora te has vuelto uno de ellos, que es lo que te paso Marcos!
- ¡Tú crees que yo no he perdido nada!, mataron a mis hermanos y a mis padres solo para quitarles la comida, tu sabes bien lo que ocurrió, tú estabas ahí junto conmigo. ¡Cuando el ejercito decidió hacer su voluntad y nos atacaron por la espalda!, debes aprender a ver hacia adelante, imagínate las posibilidades que nos traerá la vida eterna, ellos no solo han prometido detener la degeneración celular, ¡también nos ha prometido juventud eterna y la inmortalidad misma!, ¡podrás formar tu familia y ver a tus descendientes, ya no tendrás que contar el tiempo!
- Un año de felicidad vale más que una eternidad vacía, yo he vivido lo suficiente para saber que mientras la codicia humana exista no habrá paz, recuerda este momento porque un futuro brillante está muy lejos amigo.
Gabriel solamente esperaba su muerte, la idea de seguir viviendo se esfumo de su cabeza. Estos eran los recuerdos que flotaban en su mente. Un recuerdo volvió a él:
- Hay alguien aquí - Gabriel pareció escuchar la voz de una niña.
- Hace tiempo que no recibía visitas por aquí…  ¿dime qué puedo hacer por ti?
- Mi papi me conto que había un lugar que aun seguí abierto a pesar de la guerra, uno donde podía aprender cosas sobre el mundo.
- ¿Cuál es tu nombre pequeña?
- Mirelia -respondió la niña con una sonrisa.
- ¿Mirelia cuántos años tienes?
- 5... ¿Señor usted es el encargado del lugar?
- Sí, soy el bibliotecario, mi nombre es Gabriel, soy el que cuida los libros, por cierto si quieres aprender primero debes saber cómo leer, sabes leer Mirelia?
- Si mi mama me enseño
- ¿Y dónde está tu mama ahora?
- Allá - dijo la niña señalando el cielo- papa dice que nos volveremos a encontrar con ella después de mucho tiempo.
Gabriel se sintió la peor persona del mundo. No sabía como responder a las palabras de la niña por lo que luego de un momento de silencio opto por cambiar la conversación.
- ¿Y que te gustaría leer?
- Quisiera leer sobre los animales, pero ¿los libros también tienen fotos de ellos?
- Claro que si, ven primero tenemos que hacer tu tarjeta de identificación para que puedas también llevar a tu casa libros...
Una leve expresión de felicidad se pudo apreciar en su rostro, la noche había llegado, estaba terminando su trabajo cuando al revisar un viejo libro de Julio Verne: Viaje al Centro de la tierra, le trajo un último recuerdo...
- Mirelia, se está volviendo de noche creo que deberías ir a tu casa
- No se preocupe señor Gabriel mi papa dice que no hay peligro, desde que La Corporación vino a ayudarnos los saqueos han terminado, todo está mejorando- dijo la niña con una sonrisa al mismo tiempo que retomaba la lectura de su libro, habían pasado 5 años desde que Gabriel la había conocido. Mirelia iba todos los días para aprender en la biblioteca, era lo único importante en la vida de Gabriel, a quien le hacía recordar a su nieta que hacía años había muerto.
De pronto apareció un hombre en la biblioteca.
- ¡Buenas noticias hija!, la Corporación ha aceptado darnos una dosis a cada uno de nosotros si trabajamos para ellos- dijo el hombre de mediana edad que portaba un arma- pero debemos dejar este país porque aquí no hay ninguna de sus industrias.
- Pero papa yo no quiero dejar este lugar...
- No discutas hija, nos vamos ahora, ellos vendrán pronto por nosotros, señor usted también puede venir, ellos no tienen ningún problema para aceptar a más gente.
- No gracias ya me han hecho la invitación y en mi opinión ya he vivido lo suficiente para ver lo que causa la maldad humana.
- Esta bien, vámonos que no tenemos tiempo, hija despídete del bibliotecario
- Adiós Señor Gabriel...
- Adiós Mirelia...
Este ultimo recuerdo había logrado extinguir de él toda felicidad, el día se había vuelto más oscuro para él, ya que este recuerdo le quitaba la poca esperanza que ganaba día tras día, una lagrima humedeció su rostro, habían pasado 10 años desde aquel día, La promesa había resultado ser solo una excusa para ganar la confianza de la gente. Gabriel se había enterado de lo que paso con las personas que se inyectaron, había presenciado el lento regreso de las personas a su territorio, solo habían conseguido prolongar su sufrimiento, todos portaban un vendaje en la muñeca derecha a causa de su decisión. Gabriel solo se preguntaba cada día hasta cuando seguiría presenciando este mundo.
Al terminar de ordenar sus libros escucho un grupo de personas que hablaban cerca de la biblioteca. Entonces salió a averiguar qué era lo que ocurría. Una reunión de personas no era común, cada quien se ocupaba de sus necesidades y eso era todo, hace años que alguien había celebrado algo. Nadie tenía una razón para existir.
- ¿Que es lo que está pasando?- pregunto Gabriel al tumulto de gente.
- Es un niño- respondió un hombre
- ¿Un niño?, ¿no se suponía que no nadie podía tener uno?
- Eso es lo extraño, hace mucho tiempo que nadie ve uno, y ahora aparece este niño abandonado en la calle.
- Déjenme ver- Gabriel se abrió paso entre la multitud, pudo observar al niño, mejor dicho un bebe ya que no debería pasar de 1 año, estaba envuelto con un manto sobre una banca en la calle- que esperan, alguien debe hacerse cargo de él.
- ¿Hacerse cargo del?, ya tenemos suficientes problemas, ni siquiera podemos con los nuestros y tu quieres que nos dediquemos a educar a un niño, míralo, no sabe la suerte que tiene, por lo menos el podrá morir alguna vez.
- ¿Que es lo que dices?, el no tiene la culpa de nacer en este tiempo, el legado de ustedes caerá sobre el pobre chico, al menos denle una oportunidad para decidir lo que quiere.
- Porque no te callas Gabriel- grito una mujer en la multitud- solo porque te veas más viejo que nosotros no significa que lo seas, no trates de sermonearnos, todos sabemos cuál fue nuestra decisión y cuáles son sus consecuencias, ahora las estamos pagando, es cierto, por nuestra culpa esta así el mundo, es nuestra responsabilidad lo que ha ocurrido en las ultimas décadas, pero ese niño no es responsabilidad nuestra.
- ¿Que ha ocurrido con todos ustedes?, donde quedo su piedad y misericordia, donde quedo su amabilidad, ¡que paso con la moral de ustedes!
- ¿Moral?, ¿de qué estás hablando?, mira a tu alrededor la moral no existe en un mundo como este, ¿qué me vas a decir ahora? ¿Que por mis malos actos voy a ir al infierno?, ¡fíjate una vez más! ¡Ya estamos en el infierno!
La gente comenzó a retirarse lentamente del lugar dejando solo a Gabriel y al niño, quien se quedo pensante durante algunos minutos. Luego alzo al niño en sus brazos y susurro una frase:
Por lo menos podrás tener una vida decente hasta que muera... ahora solo te falta un nombre, pero cual será el apropiado- Gabriel reviso el manto y vio que tenía un nombre bordado- pero si ya tienes un nombre, tú te llamas Sairo.
Los años pasaron y el niño demostraba una increíble capacidad de aprendizaje, con tan solo tres años había aprendido a leer y desde entonces no había parado, leía todo lo que encontraba en la biblioteca. Gabriel lo había criado como su hijo.
Con el pasar del tiempo Gabriel no solo descubrió su rápido aprendizaje, sino tenía una habilidad inexplicable, Sairo podía predecir el clima, podía saber el estado de ánimo de las personas e incluso escuchar sus conversaciones a mas de 100 metros de distancia.
A Gabriel no le parecía común esto, ya que había escuchado que La Corporación había creado su ejército de meta humanos, quienes podían hacer cosas sorprendentes gracias a la modificación de su cadena genética por lo que decidió llevarlo con su amigo Marcos quien antiguamente fuera un doctor reconocido en el país.
Lo llevaron a un antiguo hospital, que aun seguía teniendo el equipamiento necesario para hacer este tipo de procedimientos. Le quitaron muestras de tejido al niño y las examinaron, el resultado fue sorprendente.
- Gabriel déjame decirte que el niño no presenta ninguna anomalía a nivel celular, por lo general los meta humanos o incluso nosotros los que nos inyectamos la promesa mostramos cierto efecto degenerativo en cuanto al tamaño y forma de nuestras células a causa de la manipulación gente tica, pero este niño no lo tiene.
- ¿Entonces cual puede ser la explicación de sus habilidades?- pregunto Gabriel muy confundido.
- Eso lo tendran que averiguar por su cuenta, tal vez con el pasar del tiempo pierda sus habilidades o tal vez no, solo resta esperar por respuestas.
Un sonido lo interrumpio, era estatica, algun tipo de radio estaba operando.
- ¿Qué es eso?
- No lo sé Gabriel, he escuchado que se había formado una resistencia armada contra La Corporación, he pasado meses buscando alguna frecuencia utilizada por ellos con ese viejo radio pero no obtuve ningún resultado hasta ahora.
Una voz opacada por la estática se escuchaba esta vez, Marcos ajusto la frecuencia y pudieron captar el siguiente mensaje:
"Aquí Manuel comandante de la resistencia en el rio de la plata listo para la operación retribución... Aquí el comandante de la resistencia en Ciudad de mexica, el cargamento fue recibido con éxito esperando para la señal... Les está hablando la resistencia de los andes, listo para la operación, dos blancos confirmados... Resistencia del atlántico, múltiple bombardeo listo, esperando la hora cero.....
Here the commander of the resistance of the United States from North America, Europe, Asia, Africa and Australia confirmed, operation retribution begins in 3 hours, synchronize clocks now, good luck guys...."
- ¿Tú qué crees que sea Gabriel?- Marcos tenía una cara de preocupado, su sorpresa había sido demasiada.
- Algo muy grande y solo tengo 3 horas para prepararme, será mejor que me vaya de aquí rápido.
- ¿Vamos a morir?- al decir esto Marcos ponía una expresión de felicidad en su rostro, creía que su sufrimiento por fin acabaría.
- Yo sí, ustedes lo dudo mucho...
- Sabes cómo arruinar mis momentos felices Gabriel, pero aun no te robas mis esperanzas. Nos vemos...
- Nos vemos... -Gabriel podía escuchar un leve susurro de Marcos a lo lejos: Voy a morir... voy a morir... voy a morir...
Autor: Andrés Zaracho

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