Capítulo III: Mi historia



El último hijo de la humanidad
Capítulo III: Mi historia
Pasaron años desde los eventos que transformaron rápidamente este mundo. La calma se sentía, un silencio perturbador invadía el mundo entero, la gente ya no hablaba entre sí, no había ningún motivo para alzar la mirada hacia los ojos.
Un día hace varios años fue encontrado un bebe en una antigua y pequeña ciudad, yo era aquel niño. Nadie sabía de donde provenía, para ese entonces no existía alguien que pudiera tener un hijo, no había ninguna sola pista sobre mí. Fui criado por la última persona "normal" que se conocía en este mundo, un anciano bibliotecario que se vio forzado a llevar a cabo esta tarea ya que a los demás habitantes del poblado ya tenían suficientes problemas como para lidiar conmigo. Vivía en una de las ciudades neutrales por así decirlo, los habitantes no hacían nada a favor ni en contra de la corporación, era una población relativamente pequeña por lo que nunca estuvo en la mira de la corporación ni de sus soldados. Los habitantes se las arreglaban como podían para arreglar sus problemas, en especial las enfermedades que aparecían gracias a la corporación. La mayoría de ellos había accedido a la primera promesa por lo que tenían las cicatrices de la extracción de los chips, ellos habían descubierto que la principal vía de entrada de los virus era la herida que portaban en la muñeca derecha, todos llevaban un vendaje especial que cambiaban cada día para evitar contraer mas enfermedades de las que tenían. En cuanto a mi niñez mi padre me enseño todo sobre la ciencia del viejo mundo, vivía en la biblioteca junto con él. Aprendí a leer y escribir con tan solo 3 años y desde ahí me adentre en el mundo de los libros, recuerdo que podía pasar días enteros leyendo sobre la historia del antiguo mundo. A lo largo del tiempo de mi niñez aprendí un sinnúmero de cosas sobre los conocimientos de ciencia que habían sobrevivido a lo largo de las guerras. Al parecer se han detenido los avances tecnológicos desde que empezaron los acontecimientos, ya que los objetos que se pueden apreciar ahora son los mismos que hace muchos años.
Todo iba bien hasta el suceso que se conoce como la Retribución, donde la resistencia organizo un ataque múltiple con armas nucleares que habían conseguido de antiguos depósitos militares abandonados a las principales instalaciones de la corporación alrededor del mundo, el ataque no salió como lo esperaban, bueno no del todo ya que si bien dejaron incapacitada las instalaciones alrededor del mundo, también nos llevaron a un invierno nuclear, la luz del sol ya no era la misma desde ese día y el color del cielo azul se cambio por un tono grisáceo, además forzaron a que la corporación produjera nuevos meta humanos, mejores y con mas habilidades que antes. No lograron destruirla, solamente les abrieron los ojos para que mejoren sus defensas y sus soldados. Los lugares atacados quedaron contaminados, pero esto no significaba un gran problema para la corporación sino que también les ahorraron un trabajo más, la cantidad de radiación producía cáncer en la población que se veía forzada a pedir un lugar de trabajo para poder aliviar su sufrimiento. Por mi lado, nunca sufrimos los efectos de la radiación, a excepción del invierno nuclear que ahora afecta todo el planeta.
En mi vida nunca me adentre hacia la ciudad, solo me he mantenido aquí en la biblioteca. He hecho algunos intentos por contactar con la gente que habita estos lugares, pero lo tengo terminantemente prohibido por mi padre, quien es el único que se relaciona con las personas, ni siquiera se en que ciudad vivo, solo pude saber que vivo en Paraguay gracias a los libros que encontré en la biblioteca, no hay rastro de en qué ciudad me encuentro por lo que ni siquiera se en que región vivo, pero por lo que se solamente quedan unos miles de habitantes en lo que se podría llamar país, porque nada queda excepto ruinas del antiguo gobierno. No representamos una amenaza a la corporación por lo que nunca vi a un meta humano en mi vida.
Con lo que respecta a mí, soy una persona simple, no tengo amigos, excepto por una persona: Mirelia, ella es la única que visita la biblioteca, es la única amiga que tengo, solemos hablar del antiguo mundo. Ella nació en la época de las guerras, donde aun existían los gobiernos. No parece ser como los demás, ella se comporta de una manera distinta de las demás personas. Ella comenzó a venir aquí cuando los colegios cerraron, es amiga de mi padre desde hace muchos años....

-Sairo podrías venir un momento
-Pero Padre estoy escribiendo un libro acerca de los acontecimientos que transformaron el mundo.
-Sería una buena idea en caso de que aun existieran imprentas funcionando, deja eso para otro momento y ven y ayúdame con el generador de energía antes de que se nos acabe la electricidad.
- Voy en un momento.
 Es una suerte que podamos tener energía eléctrica, facilita mucho las cosas, nos ahorra tiempo. Mi padre depende cada día más de mí. Supongo que se está poniendo viejo.
-¿Cuál es el problema?
- Creo que es el dínamo, la bobina debe haberse estropeado de nuevo. ¿Has estado usando el aire acondicionado?, ya sabes que esos dispositivos consumen demasiada energia y no son necesarios.
- No, dejame ver un momento. Si te fijas bien es un capacitor lo que se ha quemado.
- ¿Un capacitor?, ¿y de donde quieres que obtenga uno nuevo?, dejame ver cuales son sus especificaciones. Me lleva el diablo, justo es este. Sera mejor que le pida ayuda a Mirelia la próxima vez que venga.
- Yo podría ir a buscar uno nuevo. Solamente déjame ver su capacidad
- No Sairo, ya sabes lo que te puede pasar si te descubren los de la corporación.
- ¿Corporación?, nunca en mi vida he visto un vehículo de ellos en esta ciudad, por favor déjame salir a buscar el componente.
Las luces se apagan en ese momento, parece que por fin tendré su consentimiento para salir a ver el mundo. No es que nunca salí a la ciudad, pero solo lo he hecho pocas veces, para mi es algo nuevo estar allí.
- Esta bien tendrás que ir, pero tienes solamente una hora para volver si no quieres que vaya por ti, ¿Has entendido?
- Claro como el agua, ahora voy.
No me deja salir con esa actitud usualmente y casi siempre soy yo el que me escapo a escondidas. Si bien la biblioteca es grande, me aburro con facilidad allí, ya he leído todos los libros que se encuentran dentro de ella por lo que conozco varias cosas, se de
Electrónica, mecánica, física, química, electricidad, historia y geografía, astronomía, biología, botánica pero solamente son conocimientos superficiales nada profundo... alguien se acerca, será mejor observar desde un lugar seguro. Las ruinas de la ciudad no son fiables, las estructuras se desploman con facilidad por lo que tendré que esconderme atrás de los automóviles.
No sé porque tarda tanto, hace rato que escucho los pasos que se acercan y no veo nada. No tengo mucho tiempo por lo que simplemente iré en su dirección sigilosamente. Luego de unos metros puedo apreciar la figura por lo que me escondo abajo de un vehículo. ¿Puedo sentir los latidos de su corazón, pero no sé cómo?, no me explico, al parecer está agotado. Puedo ver sus pies creo que debería quedarme aquí Espero que no fuera a notar mi presencia... Oh no ya lo hizo.
- ¡Sairo sal de ahí!
- ¿Quién es?, ¿cómo sabe mi nombre?
- ¿Qué clase de persona no reconoce a su única amiga?, ¿acaso estas bromeando?, sal de ahí inmediatamente.
- ¿Mirelia? ¿Eres tú?
- ¿Eres sordo o no reconoces mi voz?
- No suenas como ella.
- Ni que me hubiera regresado 10 años después y aunque así fuera todo en mi seguiría igual.
- Descubre tu rostro para que pueda verte
- Al parecer eres tu el que ha cambiado Sairo.
 Al decir eso descubre su rostro y para sorpresa mía era Mirelia.
- ¿Mirelia? ¿Eres tú?, que le ha pasado a tu voz.
- Al parecer alguien no se ha limpiado correctamente el oído. Al parecer alguien se ha escapado nuevamente de su casa.
- ¡Claro que no!, estoy buscando una componente electrónico.
- ¿Y lo estabas buscando en la calle?, si bien conoces de todo, no sabes aplicar tus conocimientos. ¿Qué componente estas buscando?
-  Un capacitor, mira es este.
- Aparentemente no sabes nada de los aparatos electrónicos, igual tu padre, esto puedes conseguir desarmando un amplificador de sonido. Ven vamos te mostrare.
Ella siempre me enseña algo nuevo, lo hace desde que era pequeño. Los artículos electrónicos intactos escasean, pero si tienes algún conocimiento puedes arreglar varias cosas. Siempre puedes encontrar algo en las ruinas, pero nunca funcionan
- Mirelia..., ¿no se supone que regresarías dentro de un par de semanas?
- Si pero surgió algo, algo importante que debo hablarlo con tu padre y las demás personas de la ciudad. Mira no es algo que te importe así que no me andes fastidiando de camino a la biblioteca ¿entendiste?
- La verdad no entendí la parte de que no me interesa porque la verdad no he encontrado algo que no sea de mi interés. ¿Entonces qué es lo que debes hablar con las demás personas?
- Sairo no te interesa. Esto lo decía mientras buscábamos dentro de un edificio abandonado la refacción que necesitábamos.
- ¿Y como sabes que no me interesa?
- Porque te conozco desde hace mucho y se como piensas ¿ok? Mira aquí está el componente que necesitas. Ven vámonos
Intente convencerla de que me contase que era lo que estaba pasando todo el camino pero no dijo una sola palabra. Al llegar a la biblioteca pude ver un gran número de personas en frente de ella, nunca había visto algo así. Todos me miraban de una forma extraña, como si tuviese algo de especial. Cuando nos acercamos para entrar pude escuchar los murmullos que hablaban acerca de mí.
- Te tardaste más de una hora en regresar, tienes surte de que no fuera a buscarte porque surgiera algo mas importante.
- No lo reprendas tanto Gabriel. Yo lo entretuve por el camino.
- ¿Mirelia?, tenemos que hablar. Sairo e a tu habitación y no salgas hasta que yo te llame.
- ¿Padre?, ¿algo está pasando porque a todos le ha cambiado su tono de voz?
- No me salgas con ridiculeces para cambiar de tema, ¡haz lo que te mando!
La verdad no entendía nada, a todos les estaba cambiando el tono de voz, la gente estaba reunida allí afuera hablaba más alto a cada rato y me habían mandado a mi habitación por algo que ni siquiera hice, no me lo explico. Me acosté en mi cama pensando en que podría estar pasando. Cuando comienzo a escuchar un pequeño murmullo de lo que estaban hablando:
"Atención todos hemos recibido la información de que la corporación está enviando tropas hacia nuestra ubicación.
-Pero ¿porqué?, no estamos haciendo nada en contra de ellos.
- Debe ser por ese muchacho, Gabriel tu lo trajiste aquí, lo criaste sin pensar que bien podría ser un meta humano, algún proyecto de ellos.
- ¡Si tiene razón!, ¡entreguémoslo a la corporación para que nos dejen en paz! Se escuchaban los gritos en contra mía, uno tras otro.
- ¡Eso no es verdad, ustedes saben que ese muchacho es perfectamente normal como alguna vez lo fuimos nosotros, yo lo crie porque nadie de ustedes se quisieron hacer cargo de él, su sufrimiento era mas importante que la necesidad de ese pobre chico!, el me necesitaba y yo estuve ahí para él y saben no ha pasado ni un solo día desde que lo encontré que me haya arrepentido de esa decisión. El es una mejor persona que ustedes, ustedes solo se ocupan de sus necesidades, son unos egoístas, ustedes eligieron el camino de la eternidad, sabiendo que esto traería consecuencias, confiaron en extraños, todo con tal de conseguir su meta. Mi familia murió por sus ridículos deseos de inmortalidad, deseos que los impulsaron a una guerra sin sentido, todo por el poder, ustedes llevaron hasta el infierno pero saben una cosa yo nunca fui parte de la promesa y es por eso que ahora no estoy sufriendo, tal vez este en el infierno pero no soy parte de él."
- La verdad vienen aquí por una razón más...
-¿Mirelia?  
Autor: Andrés Zaracho 

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